Prefacio de la Ilíada, al final de la guerra de Troya, texto clásico de la cultura griega, que cuenta las batallas y eventos hasta la caída de la ciudad de Troya.

Homero es universalmente permitido haber tenido el mayor invento de cualquier escritor. Los elogios del juicio que Virgilio ha disputado justamente con él, y otros pueden tener sus pretensiones en cuanto a las excelencias particulares; pero su invención sigue siendo inigualable.

Tampoco es de extrañar que se le haya reconocido como el más grande de los poetas, el que más sobresalió en lo que es el fundamento mismo de la poesía. Es el invento que, en diferentes grados, distingue a todos los grandes genios: el máximo tramo del estudio, el aprendizaje y la industria humanos, que dominan todo lo demás, no pueden llegar nunca a esto.

Aporta al arte todos sus materiales, y sin él el propio juicio no puede, en el mejor de los casos, sino “robar sabiamente”: pues el arte es sólo como un administrador prudente que vive de administrar las riquezas de la naturaleza.

Cualesquiera que sean las alabanzas que se hagan a las obras de juicio, no hay ni siquiera una sola belleza en ellas a la que la invención no deba contribuir: como en los jardines más comunes, el arte sólo puede reducir las bellezas de la naturaleza a una mayor regularidad, y tal figura, que el ojo común puede captar mejor, y con la que, por lo tanto, se entretiene más.

Y, tal vez, la razón por la que los críticos comunes se inclinan a preferir un genio juicioso y metódico a uno grande y fructífero, es porque encuentran más fácil para ellos mismos seguir sus observaciones a través de un camino uniforme y limitado del arte, que comprender la vasta y variada extensión de la naturaleza.


Libro: Iliada

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