Ambientada en las últimas semanas de la guerra de Troya, la clásica obra maestra griega de Homero, la Ilíada, relata los acontecimientos y las batallas que llevaron a la caída de Troya.

Hemos pasado ahora por la Ilíada y hemos visto la ira de Aquiles y sus terribles efectos en un final, ya que ese era sólo el tema del poema, y la naturaleza de la poesía épica no permitiría a nuestro autor proceder al acontecimiento de la guerra, quizás sea aceptable para el lector común dar un breve relato de lo que le ocurrió a Troya y a los principales actores de este poema después de la conclusión del mismo.

No necesito mencionar que Troya fue tomada poco después de la muerte de Héctor por la estratagema del caballo de madera, cuyos detalles son descritos por Virgilio en el segundo libro de la Eneida.

Aquiles cayó ante Troya, de la mano de París, por el disparo de una flecha en su talón, como Héctor había profetizado a su muerte, lib. xxii.

El desafortunado Príamo fue asesinado por Pirro, el hijo de Aquiles.

Áyax, después de la muerte de Aquiles, tuvo un concurso con Ulises por la armadura de Vulcano, pero al ser derrotado en su objetivo, se mató por la indignación.

Helena, después de la muerte de París, se casó con Deífobo, su hermano, y al tomar Troya lo traicionó, para reconciliarse con Menelao, su primer marido, que la recibió de nuevo en su favor.

Agamenón a su regreso fue bárbaramente asesinado por Egeo, a instigación de Clytemnestra su esposa, quien en su ausencia había deshonrado su cama con Egeo.

Diomed, después de la caída de Troya, fue expulsado de su propio país, y apenas escapó con vida de su esposa adúltera Aegiale; pero al fin fue recibido por Dánao en Apulia, y compartió su reino; no se sabe cómo murió.

Néstor vivía en paz con sus hijos, en Pylos, su país natal.

Ulises también, después de innumerables problemas por mar y tierra, por fin regresó a salvo a Ítaca, que es el tema de la Odisea de Homero.

Por lo que queda, ruego que se me excuse de las ceremonias de despedida al final de mi trabajo, y de avergonzarme a mí mismo, o a otros, con cualquier defensa o disculpa al respecto.

Pero en lugar de intentar levantar un vano monumento a mí mismo, a sus méritos o dificultades (que debe dejarse al mundo, a la verdad y a la posteridad), permítanme dejar tras de mí un recuerdo de mi amistad con uno de los hombres más valiosos, así como con los mejores escritores de mi edad y de mi país, uno que ha intentado, y sabe por su propia experiencia, lo difícil que es hacer justicia a Homero, y uno que (estoy seguro) se regocija sinceramente conmigo en el período de mis trabajos.

A él, por lo tanto, habiendo concluido este largo trabajo, deseo dedicarlo, y tener el honor y la satisfacción de poner juntos, de esta manera, los nombres del Sr. CONGREVE, y de A. POPE… 25 de marzo de 1720

Ton theon de eupoiia-to mae epi pleon me

procophai en poiaetikn kai allois epitaeoeimasi
en ois isos a kateschethaen, ei aesthomaen
emautan euodos proionta.

M. AUREL ANTON de Seipso, lib. i. Sección 17.


Libro: La Iliada

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