A principios del siglo XVI, los pueblos del centro de México, incluidos los aztecas, tenían un rico panteón.

Los autores modernos presentan cifras que van desde al menos 14413 hasta unas 20014 deidades.

A falta de una cifra precisa, podemos citar las palabras de un cronista español del siglo XVI, Juan Bautista Pomar, quien escribió: “Tenían tantos y tantos ídolos que había casi uno para cada cosa….”.

Es posible agrupar a los dioses aztecas en diferentes categorías: dioses en relación con la naturaleza, en relación con el comercio, etc., y dioses en relación con el medio ambiente.

Henry B. Nicholson distingue tres grupos principales, según la función, divididos a su vez en “complejos”:

  1. El primero es el de la creatividad divina y el paternalismo (Ometeotl, Tezcatlipoca, Xiuhtecuhtli).
  2. El segundo se refiere a la lluvia, la humedad y la fertilidad agrícola (Tlaloc, Centeotl – Xochipilli, Ome Tochtli, Xipe-Totec, Teteoinnan).
  3. El tercer grupo es el de la guerra, los sacrificios y la alimentación del sol y la tierra (Tonatiuh, Huitzilopochtli, Mixcoatl – Tlahuizcalpantecuhtli, Mictlantecuhtli).

Nicholson le da un lugar especial a Quetzalcoatl por los muchos aspectos que puede asumir, y a Yacatecuhtli cuya naturaleza le parece oscura.